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viernes, 10 de septiembre de 2010

La necesidad de cambiar la evaluación y los problemas para hacerlo

Escrito por José Luis Castillo en 1º ESO, 2º ESO, 3º ESO, 3º ESO Diversificación, 4º ESO, 4º ESO Diversificación, BIO, ByG, CMC, CTMA, ICS, Metodología
 

En esta decimocuarta convocatoria me guastaría tocar un tema que me preocupa. ¿Cómo es y cómo debería ser la evaluación de la escuela  2.0 y  qué resistencias sistémicas dificultan esa evolución?

No creo que baste con examinar qué queremos para la evaluación. Creo también que hay que mirar también qué tenemos y como modificamos lo que tenemos hasta llegar al modelo que se busca. Y, en general, hay tanta insatisfacción con el modelo actual que ese cambio no debería ser muy difícil. Pero la realidad es que no está sucediendo.

¿Por qué?

Entiendo que el modelo actual parte de un consenso. Un consenso que va más allá de la escuela. Un consenso social. En ese consenso, la gente de la calle tiene una opinión más o menos común acerca de lo que hacen el personal docente, lo que hace el alumnado y lo que hacen las familias. Los docentes damos clase. Es decir, explicamos con más o menos acierto y con más o menos enfoque motivador, tratamos de mantener el ruido de la clase bajo para que esas explicaciones sean fluidas y abarquen todo el programa, organizamos algunos ejercicios para practicar lo aprendido que realizan todos los alumnos simultáneamente o se los llevan a casa, ponemos un examen de cuando en cuando y lo calificamos en función de cuánto se ha ajustado al libro de texto. La sociedad también cree que el alumnado debe mantener silencio y atender, salvo cuando se le pregunte, hacer los ejercicios en los tiempos de clase que se le indiquen, ir a casa y hacer la tarea encargada y estudiar antes de los exámenes para responder a preguntas que no conoce a ciencia cierta cuáles serán. Y a las familias también se les reserva su rol, sin duda. Contribuir al fomento del estudio y ayudar a mantener la “disciplina” (las más de las veces, exigirles que no interrumpan en clase).

¡Ojo! No digo que eso sea lo que los docentes creen que es la educación (aunque muchos sí lo creen).
Digo que la sociedad tiende a creer que la educación es así.

Lo increíble es que un modelo como ese, tan insatisfactorio, no estemos logrando sustituirlo con rapidez. Porque quitamos la parte activa del alumnado del aula, llevándola a su casa. Porque le obligamos a estar callado. Porque no hay cooperación. Porque cada profesor es una isla. Porque no hay información cruzada ni trabajo cooperativo de equipos docentes. Porque no hay aprovechamiento eficiente de las TIC. Porque no hay evaluación, sino calificación. Porque no hay competencias. Porque genera aprendizajes no permanentes. Porque aunque las metodologías puedan ser avanzadas, al final el examen es con papel y boli pero sin fuentes de información disponibles. Porque siembra fracaso escolar para ese año o para los siguientes. Porque las familias tienen un papel subordinado o de meros espectadores. Porque la sociedad no está presente por ningún lado. Porque el libro de texto sustituye al currículum. Porque se centra en productos finales y no en procesos de aprendizaje. Porque hay exámenes centrados en datos, sobre todo. Porque la escuela sigue siendo un filtro.

¿Sigo?

Es un consenso social que ha funcionado largo tiempo (¡muchas décadas!). En tiempos con menor población, en tiempos con otros objetivos. La escuela era, entonces, un lugar que proporcionaba títulos. Y el título presuponía logrados una serie de aprendizajes teóricos o teórico-prácticos. Y con ese título ibas al mercado laboral. Un título logrado mediante un examen que verificaba que en algún momento supiste al menos el 50% del currículum (o sea, lograr un 5), aunque luego no lo recordaras.

Pero hoy las sociedades han decidido que ese ya no es el consenso social que quieren. Se tomó la decisión, en 2003, de querer otra cosa. Y se plasmó en DeSeCo. Firmado por unanimidad por todos los países de la OCDE. Creo que el único tratado internacional firmado por unanimidad en el último cuarto de siglo.
Un acuerdo que dice que el enfoque de la educación es el desarrollo de una serie de competencias. Unas básicas, otras avanzadas, dependiendo del nivel educativo.

Pero lo que debe llamarnos la atención no es que el consenso actual sea malo para las sociedades modernas, basadas en la información y la comunicación. No. Lo que debe sorprendernos es que no hayamos logrado cambiar eso gran cosa. Que tras casi una década, el modelo antiguo perviva. No, sólo perviva no. Que aún esté fuertemente arraigado. Al menos en España.

Es como si estuviéramos jugando al fútbol contra otro equipo, al cual le han expulsado al portero y a tres de sus jugadores y, a pesar de eso, nos va ganando por 4-0. Y encima jugamos con precaución por si nos cae otro gol. ¡Es que no estamos metiendo tantos goles como esperábamos a un equipo que tiene por portería el arco iris!
Eso nos tiene que llevar a examinar con detalle cuáles son las raíces de las resistencias al cambio. Y abordarlas. Porque el modelo nuevo, el modelo de competencias, no llegará solo. O sí. Pero después de mucho, mucho, mucho tiempo y mucha, mucha, mucha gente (docentes, alumnado, familias) quemada por el camino.

Está muy bien hablar de blogs, de escuela 2.0 y de todo eso. ¡Me encanta, es parte de mi vida! Pero ¡esa es la meta, no el camino! Llevamos mucho hablando de metas. ¿Y de caminos? ¿Cuándo nos vamos a poner a hablar de caminos? ¿Cuándo vamos a diseñar los pasos para incluir las competencias en la práctica docente? Yo, la verdad, ese diseño no lo veo aún. Y me da un poco igual que se logren grandes avances metodológicos (estoy exagerando, claro).
Porque aún no hemos logrado avances significativos en la evaluación.
Creo…

¿Tú qué opinas? ¿Hemos avanzado tanto en evaluación como en metodología? ¿Crees posible cambiar la educación sin cambiar la evaluación? ¿Qué cambios habría que introducir? ¿Qué resistencias tendrá que afrontar el nuevo modelo? ¿Cómo te imaginas tu evaluación dentro de 3-5 años? ¿Cómo piensas llegar allí?

Por supuesto, tengo mi opinión y la voy a aportar, pero en los comentarios, como tú. Aquí sólo la pregunta.

11 comentarios:

  1. Olga Díez dice:
    15 marzo 2010 en 21:13

    Me has dejado pensando…
    Creo que la evaluación es la gran asignatura pendiente de los profesores. Confundimos evaluación con calificación o con titulación. No evaluamos procesos, sólo certificamos resultados.
    Y así nos va.
    “Ah….. pero además de cantar notas ¿tenemos que hacer evaluación 2.0?????”
    Ya me imagino mi claustro, real… :-)
    Otra asignatura pendiente de los currículos: cómo evaluar las competencias.
    Y mi opinión personal, mientras no mejoremos la evaluación, no mejorará ni la enseñanza… ni el aprendizaje.

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  2. balhisay. dice:
    15 marzo 2010 en 22:23

    Hola José Luis, has hecho una radiografía perfecta tanto de lo que la sociedad piensa que hacemos (más bien, que debemos hacer) en las aulas y de lo que está sucediendo realmente con nuestra educación.

    Nuestro sistema educativo necesita un meneo de arriba a abajo (o mejor, de abajo hacia arriba que me gusta más :) ). Necesitamos menos profesores/as afuncionariados, menos padres y madres para los que la escuela sea un sitio donde aparcar a los niños/as durante unas horas, más interés por parte de las administraciones competentes en adaptar los currículos a la realidad actual, más profesores/as expertos y líderes desde sus aulas para una renovación en la práctica docente,… ¿seguimos?

    ¿Qué valor tiene la evaluación en todo este cambio? Pues seguramente uno de los más importantes. Para empezar un cambio en los objetos de evaluación: en educación nos centramos demasiado en evaluar el resultado final, si los educandos han aprendido o no la lección (ya no valoro los métodos para hacerlo), pero nos olvidamos de todo lo demás. En las organizaciones todo se evalúa, como un proceso de mejora continua… en el colegio esperamos hasta el final, cuando queda poco que resolver.

    Planteas si hemos avanzado tanto en evaluación como en metodología, y yo creo que no. Planteas si es posible cambiar la educación sin cambiar la evaluación, y sigo pensando que no.

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  3. vicky dice:
    16 marzo 2010 en 18:36

    Hay una inercia a que eso no cambie demasiado fuerte en los principales sectores de la sociedad de los que dependería el cambio: profesores y padres. Los primeros son importantes porque serían los que la llevarían a cabo y los segundos porque tendrían que entender el cambio y apoyarlo. A veces me he visto en sesiones de evaluación pidiendo que todas las àreas consensuemos determinados criterios mínimos (faltas de ortografía, expresión, etc) relacionados con competencias (saber expresarse correctamente, etc), y ves en los demás una cara de pereza o de pensar que te entrometes en su campo, que sinceramente no entiendo. Con lo que cada uno sigue en su linea. Estoy de acuerdo en la necesidad de conocer algunos contenidos, pero tenemos que reflexionar sobre con qué competencias se está calificando como apto a los alumnos que han de salir a un mercado laboral, donde cada vez “alucinan” más con lo que “les llega”. Eso por un lado (obviando la resistencia de cada profesor al cambio por miedo, pereza, etc). Pero, ¿y los padres? Ahora les llega un chaval y les dice que el profe no hace exámenes, que les evalua otras cosas, y ya te digo yo, que tendrías un buen número de padres en la puerta del jefe de estudios a ver que pasa con ese profesor que no enseña al uso…incluso aprobándolos, que es lo que usualmente más les preocupa.

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  4. manuelmch dice:
    17 marzo 2010 en 20:17


    En primer lugar, creo que hoy en día no diferenciamos a nivel administrativo, y cada vez menos a nivel docente y familiar, calificación de evaluación. Y aunque la primera deba ser consecuencia de la segunda, creo que no habrá cambio en la evaluación sin un cambio previo en la calificación administrativa del alumnado. Cuando utilizamos instrumentos de evaluación alternativos a los estándar, o proponemos nuevas actividades y formas de evaluación al alumnado, yo al menos me encuentro con la dificultad de después, tener que pasar la información que he obtenido a una nota numérica. La cantidad de información que se pierde por el camino es tremenda, y al final, es ese valor numérico el que espera tanto el alumnado como las familias. Y dudo mucho que los alumnos o las familias (en general) prefieran el sistema actual a otro que les diera más información, pero es a lo que están acostumbrados y es, como apuntas, lo que la sociedad (en abstracto) espera como indicador del trabajo de los alumnos. Todos entienden este sistema, y eso es muy difícil de cambiar (y el cambio debería incluir a la universidad). Vamos, que creo que el cambio en el sistema de calificación debería ser simultáneo, o incluso previo a un cambio en el sistema de evaluación.

    No podemos exigir un trabajo y una evaluación en competencias si tenemos un profesorado que no se ha formado en ellas y unos centros con una organización administrativa (departamentos) que no favorecen el trabajo en equipo de los docentes de un grupo. Mientras tanto, haremos lo que podamos y en muchos casos a modo de francotiradores. Y un francotirador se encontrará solo en su centro, y en ese caso, su trabajo difiere de lo que hagan los otros 12 con el mismo alumnado, con lo que no sé si conseguirá un cambio en ellos (pero al menos algo quedará, seguro)

    Otra resistencia, y en mi opinión la mayor de todas, es que todos los cambios deben producirse a la vez. No puede haber cambio en la evaluación sin cambio metodológico, y no habrá cambio metodológico sin cambio en los currículos, y no habrá cambios curriculares sin un cambio en el modelo de escuela. Y es la pescadilla que se muerde la cola. Y algún colectivo, o varios colectivos, debería tomar la iniciativa para provocar cambios, desde abajo hacía arriba, no creo que sea posible de otro modo, y la negociación del pacto educativo nos está dejando muy claro que el nivel político no tiene en cuenta otros colectivos implicados en la educación, así que las iniciativas entre familias y profesorado son necesarias, más allá de sindicatos y similares.

    Y la tIC creo que son una herramienta potente, que nos puede ayudar y mucho a superar las barreras organizativas para trabajar por competencias, a formarnos en las herramientas que posibiliten este nuevo enfoque, a poder establecer cauces de comunicación docentes-familias efectivos, a formar a las familias en estas herramientas (porque de momento no hay nadie que haga esto).

    Creo que nos hace falta un periodo de reflexión para creernos, como el organismo vivo que es la escuela, ya a nivel particular de cada una de ellas, que debemos cambiar y que podemos cambiar. Devolver a los claustros y las cocopes la discusión sobre didáctica y metodología Un tiempo para formarnos para poder trabajar de una forma diferente, formarnos tanto docentes como familias. Experimentar, comprobar qué funciona y qué no. Aprender unas escuelas de otras. Y llegar a estar en condiciones de sustituir el actual sistema por uno más satisfactorio. Y esto nos costaría mucho tiempo. Al menos tanto como lleva implantado el actual (y que no coincide con el tiempo de implantación de ninguna ley)

    Ah….y si me permites hay una cosa con la que no estoy de acuerdo. Comentas que DeSeCo es una decisión de la sociedad. A mí me parece más una decisión política. No tengo la impresión de que la sociedad haya participado en su discusión, ni sepa de que va, cómo se origina y con qué finalidades.

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  5. José Luis Castillo dice:
    21 marzo 2010 en 22:47


    Pero ya se aventuran varias cuestiones. A mí me han impactado varias cosas.

    1º) Estamos centrados en certificar productos, no en evaluar procesos. Y es preciso cambiar el objeto de la evaluación y, con ello, el momento. Para que evaluar sirva para algo.
    2º) El tedio, la despersonalización y la unidireccionalidad que acompañan a un proceso que tiene papel de filtro, en el que el éxito viene definido de forma externa.
    3º) Las dificultades internas y externas que afrontan los que intentan promover cambios.
    4º) El agobio de lo urgente, que impide lo importante.
    5º) Las dificultades que introduce el hecho de se haya decidido ligar evaluación a calificación.
    6º) La formación del profesorado pero también la formación del futuro profesorado.
    7º) La necesidad de coordinar cambios de muy diversa naturaleza para poder modificar el sistema.
    8º) El cambio de escenario que supone la introducción de las tIC.
    9º) El factor tiempo…
    10º) La no participación de la sociedad en los cambios introducidos por técnicos y aceptados por gobiernos.
    11º) La existencia de modelos que pueden aportar pistas, aunque sean parciales.
    12º) Cuál es el lugar idóneo para promover el cambio (creadores de escenarios como la administración, actores como docentes-alumnado, sociedadde la mano de las familias).

    Especialmente importante me parece lo que apunta Manuel María como la raíz de todo el retraso que llevamos acumulado: que fueron técnicos los que dijeron a los gobiernos qué tenían que decidir, y éstos no pensaran en cómo trasladar esas ideas a la sociedad, para crear un clima favorable a su implantación.

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  6. José Luis Castillo dice:
    23 marzo 2010 en 0:28

    Para empezar, el alumnado, en el modelo actual, no trabaja mucho más allá de unas 200-300 horas anuales (fundamentalmente las de casa y algunas de clase). Eso, en el mejor de los casos. Y, ojo, que no cuento atiende como trabaja. Cuando digo “trabaja” me refiero a “está activo”. Con el modelo de competencias, pasaría a trabajar unas ¡1.000 horas! (todas las de clase y algunas de casa). ¿Si eres alumnado quieres ese cambio? Yo ya he observado que hay mucha gente en mis clases que ofrecen resistencias a estar en actividad permanente…

    Las familias también ofrecen una resistencia básica. Siguen mirando la educación a través de las notas que sacan sus hijos e hijas. Siguen pensando en una educación como filtro. En una educación en la que, al final, importa más el aprobado que el aprendido. Y es que el sistema sólo se comunica con las familias mediante las notas y las citaciones en caso de indisciplina. Es rara la madre o el padre que preguntan por lo que están aprendiendo sus hijos e hijas, pero es muy frecuente que pregunten por las notas malas que hayan sacado o se enorgullezcan de las notas buenas que logren. Como si una nota fuera sinónimo de aprendizaje permanente. ¡Y es que se lo creen! Pero, si lo es… ¿por qué una tasa de abandono universitario tan grande en el primer año? En gente que logró buenas notas en el Bachillerato… ¿Y por qué tan poca gente de la ESO pasa al Bachillerato y logra titular? Mientras nos comuniquemos con las familias mediante notas, esto no va, eh?…

    Los docentes también ofrecemos resistencias, sí. Pero no tanto por lo que la gente cree (resistencia a usar las tIC, que también). Yo veo a mis compañeros y compañeras muy insatisfechos con el actual modelo educativo. A la mayoría. Y ansiosos de un cierto cambio que nos devuelva un grado de dignidad, de utilidad. Porque tenemos conciencia de que se nos ve como guardería. Y queremos jugar un papel importante en la sociedad. Pero no tenemos cultura de trabajo en equipo. Ni existe la organización escolar que lo fomenta. Así, cada uno descubre el Mediterráneo por su cuenta. Y tras años y años y años de trabajo en solitario, estás seguro de que tus recetas son las buenas. Tienes que estarlo. Porque lo contrario sería admitir que llevas décadas equivocándote. Y no hay autoestima que admita eso. Por tanto, en el diálogo entre docentes, cuando surge la diferencia, se convierte en discrepancia en vez de en diversidad. Es muy complicado admitir que otro, que hace lo contrario que tú, pueda estar acertado. Y aquí cada uno tiene su librillo. Lógico. Después de tantos años de tener que trabajar aislados del resto de compañeros y compañeras…

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  7. José Luis Castillo dice:
    23 marzo 2010 en 0:28

    No soy capaz de un análisis completo del tema. No me llega mi capacidad intelectual a eso. Pero creo que sí puedo aportar ideas.

    Para empezar, el alumnado, en el modelo actual, no trabaja mucho más allá de unas 200-300 horas anuales (fundamentalmente las de casa y algunas de clase). Eso, en el mejor de los casos. Y, ojo, que no cuento atiende como trabaja. Cuando digo “trabaja” me refiero a “está activo”. Con el modelo de competencias, pasaría a trabajar unas ¡1.000 horas! (todas las de clase y algunas de casa). ¿Si eres alumnado quieres ese cambio? Yo ya he observado que hay mucha gente en mis clases que ofrecen resistencias a estar en actividad permanente…

    Las familias también ofrecen una resistencia básica. Siguen mirando la educación a través de las notas que sacan sus hijos e hijas. Siguen pensando en una educación como filtro. En una educación en la que, al final, importa más el aprobado que el aprendido. Y es que el sistema sólo se comunica con las familias mediante las notas y las citaciones en caso de indisciplina. Es rara la madre o el padre que preguntan por lo que están aprendiendo sus hijos e hijas, pero es muy frecuente que pregunten por las notas malas que hayan sacado o se enorgullezcan de las notas buenas que logren. Como si una nota fuera sinónimo de aprendizaje permanente. ¡Y es que se lo creen! Pero, si lo es… ¿por qué una tasa de abandono universitario tan grande en el primer año? En gente que logró buenas notas en el Bachillerato… ¿Y por qué tan poca gente de la ESO pasa al Bachillerato y logra titular? Mientras nos comuniquemos con las familias mediante notas, esto no va, eh?…

    Los docentes también ofrecemos resistencias, sí. Pero no tanto por lo que la gente cree (resistencia a usar las tIC, que también). Yo veo a mis compañeros y compañeras muy insatisfechos con el actual modelo educativo. A la mayoría. Y ansiosos de un cierto cambio que nos devuelva un grado de dignidad, de utilidad. Porque tenemos conciencia de que se nos ve como guardería. Y queremos jugar un papel importante en la sociedad. Pero no tenemos cultura de trabajo en equipo. Ni existe la organización escolar que lo fomenta. Así, cada uno descubre el Mediterráneo por su cuenta. Y tras años y años y años de trabajo en solitario, estás seguro de que tus recetas son las buenas. Tienes que estarlo. Porque lo contrario sería admitir que llevas décadas equivocándote. Y no hay autoestima que admita eso. Por tanto, en el diálogo entre docentes, cuando surge la diferencia, se convierte en discrepancia en vez de en diversidad. Es muy complicado admitir que otro, que hace lo contrario que tú, pueda estar acertado. Y aquí cada uno tiene su librillo. Lógico. Después de tantos años de tener que trabajar aislados del resto de compañeros y compañeras…

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  8. José Luis Castillo dice:
    23 marzo 2010 en 0:28

    No soy capaz de un análisis completo del tema. No me llega mi capacidad intelectual a eso. Pero creo que sí puedo aportar ideas.

    Para empezar, el alumnado, en el modelo actual, no trabaja mucho más allá de unas 200-300 horas anuales (fundamentalmente las de casa y algunas de clase). Eso, en el mejor de los casos. Y, ojo, que no cuento atiende como trabaja. Cuando digo “trabaja” me refiero a “está activo”. Con el modelo de competencias, pasaría a trabajar unas ¡1.000 horas! (todas las de clase y algunas de casa). ¿Si eres alumnado quieres ese cambio? Yo ya he observado que hay mucha gente en mis clases que ofrecen resistencias a estar en actividad permanente…

    Las familias también ofrecen una resistencia básica. Siguen mirando la educación a través de las notas que sacan sus hijos e hijas. Siguen pensando en una educación como filtro. En una educación en la que, al final, importa más el aprobado que el aprendido. Y es que el sistema sólo se comunica con las familias mediante las notas y las citaciones en caso de indisciplina. Es rara la madre o el padre que preguntan por lo que están aprendiendo sus hijos e hijas, pero es muy frecuente que pregunten por las notas malas que hayan sacado o se enorgullezcan de las notas buenas que logren. Como si una nota fuera sinónimo de aprendizaje permanente. ¡Y es que se lo creen! Pero, si lo es… ¿por qué una tasa de abandono universitario tan grande en el primer año? En gente que logró buenas notas en el Bachillerato… ¿Y por qué tan poca gente de la ESO pasa al Bachillerato y logra titular? Mientras nos comuniquemos con las familias mediante notas, esto no va, eh?…

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  9. CONTINUACIÓN ...

    Los docentes también ofrecemos resistencias, sí. Pero no tanto por lo que la gente cree (resistencia a usar las tIC, que también). Yo veo a mis compañeros y compañeras muy insatisfechos con el actual modelo educativo. A la mayoría. Y ansiosos de un cierto cambio que nos devuelva un grado de dignidad, de utilidad. Porque tenemos conciencia de que se nos ve como guardería. Y queremos jugar un papel importante en la sociedad. Pero no tenemos cultura de trabajo en equipo. Ni existe la organización escolar que lo fomenta. Así, cada uno descubre el Mediterráneo por su cuenta. Y tras años y años y años de trabajo en solitario, estás seguro de que tus recetas son las buenas. Tienes que estarlo. Porque lo contrario sería admitir que llevas décadas equivocándote. Y no hay autoestima que admita eso. Por tanto, en el diálogo entre docentes, cuando surge la diferencia, se convierte en discrepancia en vez de en diversidad. Es muy complicado admitir que otro, que hace lo contrario que tú, pueda estar acertado. Y aquí cada uno tiene su librillo. Lógico. Después de tantos años de tener que trabajar aislados del resto de compañeros y compañeras…

    Y la administración! Ay la adminsitración! ¡Con sus contradicciones legislativas y ejecutivas…! Que promueve atención personalizada y luego te pide programaciones temporalizadas para un grupo. ¡Con sus escenarios…! Basados más veces en ocurrencias de unos pocos que en análisis pormenorizados. Y que si no salen como debieran es por culpa del profesorado, claro. ¡Con sus olvidos llenos de indiferencia…! Porque es mucho mejor atender a gente que ha sido reacia a querer trabajar en entornos tIC que a los que llevan mucho tiempo deslomándose a trabajar (por la simple razón de que el número de los primeros es abrumadoramente alto, hay que joderse!). ¡Con sus desamparos llenos de desprecio…! Hacia aquellos que tratan de llevar a la práctica el espíritu de su normativa y tropiezan con directivos caciques o claustros abiertamente hostiles. ¡Con sus miedos y organización/desorganización…! Porque es complicado cada tema si implica a diferentes servicios, ya que la coordinación entre Servicios Educativos sucede desde arriba y está muy tutelada. ¡Con su desconocimiento…! Porque no hay mucha idea de qué es Twitter, Facebook, Ning, de qué se cuece en las redes sociales y cómo aprovecharlo para mejorar el servicio público. Ay la administración…

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  10. CONTINUACIÓN...

    Seguro que hay más resistencias. Seguro. Pero también estoy convencido de que hasta que el alumnado no se ponga a trabajar 1.000 horas, hasta que la comunicación con las familias sea en términos de evaluación de aprendizajes y no de calificaciones, y hasta que el profesorado no hayamos adquirido una cultura de trabajo en equipo y exista una organización escolar que lo fomente, hasta entonces…

    … seguiremos perdiendo por 4-0 contra un equipo al que le han expulsado a cuatro tíos.

    Y los avances que vengan serán casualidad o fruto del trabajo individual de gente que se está matando por lograr algo. Gente que choca contra el consenso social cada día.

    Estas resistencias complicarán muy mucho cualquier cambio en la evaluación. Y las tenemos que tener en cuenta. Porque vamos a tocar un núcleo muy sensible. No va a ser fácil, no.

    Pero espero que lleguemos a un cambio. En él, una evaluación que valore el aprendizaje y no el producto final del aprendizaje, que sea social y socializadora, y que sus logros reviertan en el conjunto de la comunidad escolar en el que se produce, podría incentivar un mayor esfuerzo del alumnado. Un cambio en la forma de comunicar los aprendizajes logrados mejoraría la comprensión que de ese proceso tengan las familias. Y un cambio en la forma en que los docentes generamos esos aprendizajes, centrándolos en competencias, y no en currículums disciplinares, nos llevaría inevitablemente al trabajo en equipo. Si es posible, apoyado desde la Administración. Si no, pues ya nos buscaremos la vida.

    Así, el cambio, según lo veo yo, se centraría en el uso de e-portafolios. El examen podría tener un papel, pero un papel elegido por el alumnado y con acceso a fuentes de información, amén de preguntas orientadas a competencias. Y las rúbricas podrían ser buen modo de comunicar resultados, aparte de los comentarios recibidos por el conjunto de personas interesadas en la evaluación de una persona concreta (que incluye a docentes, familias, compañeros y compañeras del alumno/a).

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  11. vicent dice:
    28 marzo 2010 en 10:44

    aquí teneís un video del producto final que realizaron los chavales de 4º el año pasado, http://www.youtube.com/watch?v=5NCvpltPumI
    Lo he llamado portafolio porque recoge el rastro de cada chaval a su paso por la asignatura, era la última tarea del curso, que dieran forma al año desde su producción y que quedara registrado en un formato libro. Es un trabajo que persigue varios objetivos, pero para el tema del post decir que hicimos la siguiente experiencia: los dejamos todos encima de la mesa (eran 15 alumnos), y entrábamos de uno en uno para calificarlos, primero yo, después los alumnos y algún colega que cree en estas cosas. Teniamos 5 minutos. La dispersión de notas fue de 0,68 puntos. Claro que alguno estaba enfadado, quería protestar por su baja nota ¡pero no sabía a quién hacerlo! En otros, la cara de satisfacción era asombrosa, no por la nota, que también, sino por ver SU LIBRO, porque le daba sentido a lo hecho en la escuela, tal vez por pimera vez. De aquí al e-portafolio queda poco, creo.

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Opinar con fundamentos y educación, es de universitarios (ya sea positiva o negativamente).